Desde muy niño empecé a sensibilizarme ante el dolor humano, estuve entre la realidad de los más pobres y desprotegidos. El rostro de mi vocación llegó a través de mi abuelo Josefito, me nacío atenderlo, cuidarlo y quererlo, diariamente le ayudaba a bañarse, vestirse, alimentarse y así la dedicación continuó por un año y medio hasta que él se fue a descansar.
A mis siete años me hice responsable de 20 Personas Mayores; los visitaba cada día a las 5:00 a.m., llevándoles un café que mi mamá generosamente me preparaba. Hablaba con ellos, los intentaba divertir y ayudar así crecía en mí el deseo de hacer algo mejor por cada uno de ellos.
Empecé a tocar puertas, corazones y Dios empezó también a multiplicar mi entrega a través de manos generosas que ayudaron. Tenía para entonces un grupo de amigos con los cuales hice equipo, Los Ángeles Custodios.
Por esta misma época la ciudad me conocía un poco más, el periodista del diario Vanguardia Liberal: Euclides Ardila, me entrevistó y me regaló el nombre de: "EL ÁNGEL DEL NORTE", así, tituló su columna. Después siguieron otras entrevistas, y el periodista francés Tony Comití, se decide constatar la realidad del artículo publicado en el documental “EL PEQUEÑO ÁNGEL DE COLOMBIA”
Hoy 41 años después veo una Obra hecha realidad Un sueño que disfruto plenamente y una tarea que no he terminado. Tengo la certeza de que cuando hablamos en el lenguaje del Amor nos entiende el mundo entero y considero que a este mundo venimos a ayudar porque "Quien no vive para servir, no sirve para vivir".